FREUD SABÍA.
El 21 de abril de 1896, Sigmund Freud presentó una conferencia titulada “La etiología de la histeria” ante la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de Viena. Tiempo después, ese mismo año, publica un artículo basado en la ponencia y con el mismo nombre.
Allí, desarrolla un tema que ya había estado trabajando en dos artículos anteriores, publicados a comienzos del mismo año.
En estos textos, Freud desarrolla una tesis que, según sus palabras: “Estimo que es una revelación importante, el descubrimiento de un caput nili de la neuropatología” (Freud, 1896: 202). A saber: que la etiología (el origen de la enfermedad) específica de la histeria reside en la vida sexual, y que la vivencia traumática corresponde a la pubertad.
Subraya, además, que esta vivencia sexual precoz produce escaso o nulo efecto en el momento, pero deja una huella psíquica que es despertada cuando, en la pubertad, adviene la reactividad de los órganos sexuales, y este recuerdo de la vivencia obra como si fuera un acontecimiento actual.
Es decir: esa vivencia en la infancia, es resignifcada cuando en la adolescencia se da el despertar sexual.
Freud clasifica sus dieciocho casos estudiados en tres grupos, de acuerdo al origen de la estimulación sexual (Freud, 1896): un primer grupo en el cual los abusadores son adultos extraños a las víctimas, y el atentado se da una única vez o de forma aislada; un segundo grupo, en el cual el perpetrador es un adulto conocido del niño, y que ejerce función de cuidador, repitiéndose el abuso a menudo durante años; y un último grupo, en el cual existe un vínculo sexual entre niños de sexos diferentes, por lo general entre dos hermanos, y que dura hasta pasada la pubertad.
Además, establece una diferenciación en el carácter de las vivencias específicas de la histeria, de aquellas específicas de la neurosis obsesiva. En el primer caso, se trata siempre de una vivencia sexual pasiva, lo cual para Freud permite entender la significativamente mayor frecuencia de la histeria en el sexo femenino, siendo este “más estimulador de ataques sexuales en la niñez” (Freud, 1896). En el segundo caso, se halla una vivencia sexual activa, experimentada de forma placentera. Sin embargo, plantea Freud que se encuentra siempre una vivencia sexual pasiva, y que precede a la activa. Es decir, que para ambos tipos de psiconeurosis, siempre hay una vivencia de seducción pasiva.
Anticipándose a posibles críticas y cuestionamientos, Freud argumenta por qué no debe dudarse de la veracidad de los hechos comunicados por sus pacientes:
-los enfermos jamás cuentan sus experiencias espontáneamente, sino que es necesario hacerles aflorar el recuerdo fragmento por fragmento, contra una gran resistencia;
-una vez el recuerdo se vuelve conciente, “ellos caen presa de una emoción difícil de falsificar” (Freud, 189).
-los enfermos describen como inocentes procesos que, de conocer su verdadero significado, los espantarían;
-las escenas infantiles relatadas guardan una coherencia sólida con la ensambladura asociativa y lógica de la neurosis;
-y las comunicaciones de una persona en el marco del análisis, fueron corroboradas por testigos de la misma vivencia, dentro o fuera del tratamiento.
En relación a la frecuencia de los abusos sexuales dirigidos a los niños y su papel potencial en la causación de las psiconeurosis, Freud asevera:
“Paréceme cierto que nuestros niños están expuestos a ataques sexuales mucho más a menudo de lo que uno supondría por los escasos desvelos que ello causa a los padres […] Incrementada la atención hacia este tema, muy pronto se corroboraría la gran frecuencia de vivencias sexuales y quehacer sexual en la niñez.” (Freud, 1896c: 206).
El 21 de septiembre de 1897, poco más de un año después de su conferencia “La etiología de la histeria”, Freud le escribe a su amigo, el médico alemán Wilhelm Fliess, una carta que resultó fundamental en la historia del pensamiento freudiano, ya que allí, por primera vez, Freud habla de la renuncia a su teoría de la seducción: “Y ahora quiero confiarle inmediatamente el gran secreto de algo que en los últimos meses he constatado poco a poco. Ya no creo en mi neurotica [teoría de la neurosis]” (Freud, 1897: 301).
Las razones que brinda Freud para justificar el abandono de la teoría que hasta hacía un año defendía ante la sociedad académica vienesa, según se las explica a Fliess en la carta, son las siguientes:
“Las continuas desilusiones en los intentos de llevar mi análisis a su consumación efectiva, la deserción de la gente que durante un tiempo parecía mejor pillada, la demora del éxito pleno con que yo había contado y la posibilidad de explicarme los éxitos parciales de otro modo, de la manera habitual: he ahí el primer grupo {de motivos}. Después, la sorpresa de que en todos los casos el padre hubiera de ser inculpado como perverso, sin excluir a mi propio padre, la intelección de la inesperada frecuencia de la histeria, en todos cuyos casos debiera observarse idéntica condición, cuando es poco probable que la perversión contra niños esté difundida hasta ese punto […]. En tercer lugar, la intelección cierta de que en lo inconciente no existe un signo de realidad, de suerte que no se puede distinguir la verdad de la ficción investida con afecto. (Según esto, quedaría una solución: la fantasía sexual se adueña casi siempre del tema de los padres).” (Freud, 1897: 301-302)
Nueve años después, en 1906, Freud publicó un texto llamado “Mis tesis sobre el papel de la sexualidad en la etiología de las neurosis”, en el cual explica que el material de análisis del que disponía en la época en la que formuló la teoría de la seducción era escaso, y que casualmente comprendía un número desproporcionado de casos en los cuales el abuso sexual infligido a un niño por parte de un adulto se alzaba como un episodio fundamental en la historia del paciente. Argumenta que por ese motivo sobrestimó la frecuencia con la que ocurrían este tipo de hechos; y que, además, no fue capaz de discernir entre los relatos falsos que las histéricas hacían de los sucesos de su infancia, y los sucesos efectivamente acontecidos. De manera que “desde entonces he aprendido, en cambio, a resolver muchas fantasías de seducción considerándolas como unos intentos por defenderse del recuerdo de la propia práctica sexual (masturbación infantil)” (Freud, 1906: 266).
Cabe destacar que, dadas estas nuevas formulaciones, Freud sostiene que algunas escenas de seducción eran reales, sólo que ahora les daba un carácter secundario y accidental (Freud, 1906).
El psicoanalista y escritor Jeffrey Masson defiende en su libro "El asalto a la verdad" la teoría de la seducción, y cuestiona las razones de Freud para abandonarla.
Por un lado, describe cómo el hecho de sostener la hipótesis de un abuso sexual en la etiología de la histeria le significó a Freud un aislamiento emocional e intelectual, sobre todo después de la ponencia en la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de Viena, el 21 de abril de 1896, y de la publicación del texto “La etiología de la histeria”. Según Masson: “El texto […] tropezó con un absoluto silencio. Más tarde nunca le incitaron a publicarlo, por temor a que su reputación sufriese un daño irreparable. El silencio en torno a él se intensificó, lo mismo que su soledad”. (Masson, 1985: 16)
Cinco días después de la conferencia en Viena, Freud le escribe a Fliess una carta en la que le cuenta lo sucedido esa tarde. Esta carta fue omitida en la primera versión de la correspondencia de Freud a Fliess, del año 1950; sin embargo, fue incluida en un libro de Max Schur de 1972, el médico personal de Freud. En la carta, Freud informa:
“Una conferencia sobre la etiología de la histeria en la Sociedad Psiquiátrica recibió de los asnos una acogida glacial y de Krafft-Ebing este extraño comentario: <<Parece un cuento de hadas científico>>. ¡Y esto después de haberles demostrado la solución de un problema que data de mil años: una <<fuente del Nilo>>!” (Masson, 1985: 32)
Según Masson, Schur no incluyó la frase final de Freud: “Pueden irse todos al infierno”. Para Masson, Freud consideraba que su “descubrimiento” era lo suficientemente importante (al punto de compararlo con la solución del problema de la fuente del Nilo) como para estar dispuesto a sufrir el desagrado y la condena de sus colegas.
El 4 de mayo de 1896, Freud escribe a Fliess: “Estoy tan aislado como podrías desear que estuviera: se ha impartido la consigna de abandonarme, y un vacío se está formando en torno a mí” (Masson, 1985: 33).
El renunciar públicamente a su teoría, en 1905, le permitió a Freud, según Masson, insertarse de nuevo en la sociedad médica que antes le había condenado al ostracismo. La nueva hipótesis freudiana, acerca del poder de la fantasía y de la sexualidad infantil espontánea, era, según Masson:
“[…] una teoría reconfortante para la sociedad, pues la interpretación freudiana-que la violencia sexual que tanto había afectado a la vida de sus pacientes mujeres no era más que una fantasía-no planteaba una amenaza contra el orden social existente. Los terapeutas podían de este modo permanecer en el lado de los poderosos y los triunfadores, y no en el de las desventuradas víctimas de la violencia familiar” (Masson, 1985: 20).
Por otro lado, Masson afirma que cuando Freud viajó a París en 1885, tomó contacto con una extensa literatura francesa acerca del abuso sexual y otros actos violentos cometidos contra niños, asimismo que presenció autopsias de niños violados y abusados.
Uno de los autores franceses que se ocupó de este tema fue Ambroise Tardieu, un médico legista que escribió en 1860 un artículo en el cual refiere treinta y dos casos de crueldad y malos tratos infligidos a niños, la mayoría de ellos perpetrados por sus padres y siendo los niños muy pequeños: “[…] y, finalmente, lo más increíble de todo, que los verdugos de esos niños sean, la mayoría de las veces, las mismas personas que los trajeron al mundo, esto es uno de los problemas más aterradores que puedan conturbar el corazón humano” (Masson, 1985: 39). En otro de sus textos, del año 1857, Tardieu llama la atención sobre la frecuencia de las agresiones sexuales contra niños y especialmente contra niñas: refiere la cifra de 9.125 casos de personas acusadas de violación e intento de violación de niños entre los años 1858-1869. Si bien en ninguno de sus artículos menciona el efecto psicológico de estos ataques en los niños, Tardieu “creía que la gran mayoría de los casos que él investigó no podían haber sido simulados: había cambios anatómicos que no podían ser imaginados […]” (Masson, 1985: 45).
La obra de Tardieu influenció al médico y criminólogo francés Alexandre Lacassagne, quien alentó a sus alumnos a que escribiesen sobre el tema del abuso sexual infantil. Uno de ellos, Paul Bernard, publicó un libro (“Atentados contra el pudor en niñas”) en el cual refiere que entre 1827 y 1870 hubo en Francia 36.176 casos conocidos de violación y atentados contra la moralidad. Según Masson: “El aspecto más importante del libro, para nuestros propósitos, es la fe que el autor deposita en la fiabilidad de los niños, sin duda siguiendo el ejemplo de su maestro Lacassagne” (Masson, 1985: 47).
Paul Brouardel fue el sucesor de Tardieu en la cátedra de medicina legal en París a partir de 1879. Bajo su dirección, los estudiantes de medicina eran autorizados a ir a la morgue parisiense y presenciar las autopsias. Como refiere en una carta del 20 de enero de 1886 a su mujer Martha Bernays, Freud conocía a Brouardel y había participado en estas autopsias públicas.
Brouardel escribió el libro “Los atentados a la moral”, acerca de la violación de niños; el mismo incluía conferencias dadas antes y durante la estadía de Freud en París. Si bien el libro se publicó póstumamente, en 1905, interesa resaltar el interés de Brouardel por los ataques sexuales cometidos contra los niños. Casi todos los historiales clínicos incluidos en el libro, datan del período 1880-1885.
Años después, en 1913, Freud escribe el prefacio al libro “Ritos escatológicos de todas las naciones” de J. G. Bourke:
“Cuando yo vivía en París en 1885, como alumno de Charcot, lo que más me atrajo, aparte de las clases del gran hombre, fueron las demostraciones y conferencias que impartía Brouardel. Solía enseñarnos cuanto material post-mortem había en la morgue que merecía ser conocido por los médicos, pero del cual la ciencia prefería no tener noticia [la cursiva es mía]” (Masson, 1985: 52).
Dada la vinculación de Brouardel con Charcot, el hecho de que Freud asistiera a las autopsias públicas realizadas por Brouardel, el interés del mismo por los crímenes sexuales cometidos contra niños, y el hecho de que tanto los libros de Tardieu, Brouardel y Bernard pertenecieran a la colección privada de Freud, Masson sostiene que aquellas cosas que Freud vio en la morgue y “de las que la ciencia prefería no tener noticia” eran, precisamente, los casos de abuso sexual infantil que habían terminado en una muerte. Y no sólo eso, sino que probablemente todo este material fue de influencia teorética para Freud. Por esto mismo, Masson afirma que Freud tenía una vasta evidencia para apoyar su hipótesis de la seducción.
Apoyándose en estas consideraciones y en otras que desarrolla extensamente en su libro, Masson afirma que Freud renunció a la teoría de la seducción no por razones teóricas o clínicas, sino por una falta de coraje personal. Sostiene:
“No creo que él (Freud) tomara nunca una decisión consciente de pasar por alto sus experiencias anteriores, ni creo que reconociese alguna vez que lo hizo por falta de valor. Sin duda creyó que estaba haciendo lo correcto, y también lo difícil, cuando desplazó su atención del trauma externo para centrarla en la fantasía interna como el agente causal de enfermedad mental. Pero esto no quiere decir que represente la verdad. De hecho, a mi entender, Freud había abandonado una verdad importante: la violencia sexual, física y emocional que constituye una parte trágica y real de la vida de muchos niños” (Masson, 1985: 188).
En su artículo “Para releer a Freud: cien años de los Tres Ensayos para una teoría sexual”, el psicoanalista argentino Juan Carlos Volnovich sostiene que Freud, al orientar su cuerpo teórico a la construcción del concepto de fantasía, pagó el precio de invisibilizar el abuso sexual. En sus propias palabras:
“La sexualidad infantil se instaló en la huella que dejó abierta la teoría de la seducción. Fue necesario que la teoría de la seducción caducara para poder acceder al Complejo de Edipo, al concepto de trauma como posterioridad retroactiva. En última instancia, la sexualidad infantil como concepto teórico desplegado a partir de la renuncia a la teoría de la seducción significó un salto cualitativo, un progreso enorme para aquello que comenzó, entonces, a teorizarse como el “mundo interno”. Pero, también -¡cómo ignorarlo!- pagó el precio de volver a invisibilizar el abuso sexual realmente cometido y a inocentizar a los perpetradores. Cuando Freud afirma que los relatos de abusos sexuales que poblaban su consulta eran producto de los deseos incestuosos de sus pacientes y no de acontecimientos reales, abre el camino a un campo inexplorado de investigación -la sexualidad perverso-polimorfa y la represión-, al tiempo que concede todo lo demás a los valores patriarcales dominantes”. (Volnovich, 2005)
Afirma, además, que “el concepto de sexualidad infantil, la teoría de la fantasía inconsciente, no necesariamente supone la necesidad de renegar de la teoría de la seducción. De modo tal que la retractación de Freud obedeció más a cuestiones ideológicas y personales que a conflictos teóricos” (Volnovich, 2005).
En sintonía con lo abordado por J. M. Masson, Volnovich sostiene:
“Amenazado con la exclusión (del universo de los médicos, del universo de los varones que defienden el patriarcado) por haber atacado los valores más sagrados del poder, por denunciar su abuso, es probable que inconscientemente Freud haya negociado su redención retractándose de lo que hasta ese momento había sostenido”. (Volnovich, 2005)
Y agrega, más adelante:
“Todo hace pensar que Freud sentía que había ido demasiado lejos. […] Que estaba desafiando al poder médico, el mismo del cual esperaba aceptación y reconocimiento. Que necesitaba esa aceptación o, al menos, el reconocimiento social que le garantizara la confianza de sus pacientes” (Volnovich, 2005)
Volnovich no duda en afirmar que Freud hace “la vista gorda” frente al abuso sexual efectivamente acontecido. Asevera que, así, “cumple con el Establishment médico y acata los prejuicios patriarcales” (Volnovich, 2005), dándole la razón a quienes le decían que su explicación de la génesis de los síntomas histéricos era “un cuento de hadas”.
Por otro lado, para Volnovich, Freud nunca abandonó del todo su teoría de la seducción; sino que siempre sostuvo que la fantasía inconsciente debía tener un fundamento último en el terreno de la realidad, aunque este “fundamento último” lo pensó en función de un sesgo patriarcal, reconduciéndolo a los cuidados maternos y sus consecuencias, más que al padre y al abuso paterno (Volnovich, 2005).
FREUD SABÍA.
Cualesquiera sean las razones por las cuales relegó a un mínimo la importancia del abuso sexual en la infancia, imponiendo el concepto de fantasía, lo real hoy es que más de 100 años después sigue pasando mismo: TODOS SABEN.
Nadie (casi nadie) hace nada.
Bibliografía
-Freud, S. (1896). La herencia y la etiología de las neurosis. En Obras Completas. Tomo III. Buenos Aires: Amorrortu, 1981.
-Freud, S. (1896). La etiología específica de la histeria. En Obras Completas. Tomo III. Buenos Aires: Amorrortu, 1981.
- Freud, S. (1896). Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa. En Obras Completas. Tomo III. Buenos Aires: Amorrortu, 1981.
-Freud, S. (1897) Carta 69. En Obras Completas. Tomo I. Buenos Aires: Amorrortu, 1981.
-Freud, S. (1906 [1905]). Mis tesis sobre el papel de la sexualidad en la etiología de las neurosis. En Obras Completas. Tomo VII. Buenos Aires: Amorrortu, 1978.
-Moussaieff Masson, J. (1985). El asalto a la verdad. La renuncia de Freud a la teoría de la seducción. Barcelona: Seix Barral.
-Volnovich, Juan Carlos. (2005). Para releer a Freud: cien años de los Tres Ensayos para una teoría sexual. Extraído el 20 de septiembre de 2014, en http://www.topia.com.ar/articulos/para-releer-freud-cien-a%C3%B1os-de-los-tres-ensayos-para-una-teor%C3%AD-sexual.
Me pillé un buen cabreo con Freud (y lo referí en Escuchar a las Víctimas, p. 36) cuando leí sobre esta cuestión en Trauma y recuperación, de Judith Herman (pp. 33-34), de cómo se desdijo luego de su descubrimiento. Y al leer esto en La etiología de la histeria ya...: “Me parece indudable que nuestros hijos se hallan más expuestos a ataques sexuales de lo que la escasa previsión de los padres hace suponer. Al tratar de documentarme sobre este tema se me indicó, por aquellos colegas a los que acudí en busca de datos, la existencia de varias publicaciones de pediatría en las que se denunciaba la frecuencia con que las nodrizas y niñeras hacían objeto de prácticas sexuales a los niños a ellas confiados”. Habiendo un pater familias [en casa con nodriza /niñera] y una mujer de peor condición social a quien culpar, resuelto el asunto.
ResponderBorrarY seguimos casi igual.
MuchOs que saben no quieren que se sepa, evidentemente no les conviene.
Muchos, y muchas, no quieren creer, o le restan importancia, o culpan a las víctimas.
Seguimos sin prevenir el abuso sexual infantil -pues la forma de hacerlo es mediante la educación afectiva y sexual y en el respeto a los derechos de todo ser humano, incluidas niñas y niños, y esta aún está ausente de la escuela.
Y seguimos sin sancionarlo. ¡Qué difícil es! Muy especialmente cuando el autor es el padre: para eso, para garantizar que no se sancione, se han inventado otra gran mentira, el supuesto síndrome de alienación parental (SAP, PAS), ciencia basura hoy igual que hace 30 años, aunque le suavicen y le cambien el nombre (https://www.americanbar.org/publications/judges_journal/2015/summer/parental_alienation_syndrome_30_years_on_and_still_junk_science.html). Y los colegios de Psicología, en España, apoyándolo. Hay que ir haciendo algo, por ejemplo iros uniendo y organizando las psicólogas feministas para ponerle remedio. Un cordial saludo.